Mostrando entradas con la etiqueta 6. Timor Leste. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 6. Timor Leste. Mostrar todas las entradas

Cooperación Internacional

Timor Leste quedó atrás hace más de dos semanas y sin embargo, a raíz del desastre en Haití el tema de la cooperación internacional nos sigue resultando recurrente. De la labor que realizan las ONGs, las fundaciones y los organismos internacionales se han dicho muchas cosas buenas y otras tantas malas. Cuando el río suena es que agua lleva, y es fácil concluir que sabemos más de lo que nos venden que de lo que nos ocultan.


Hace 60 años el mundo se dividía entre las fuerzas capitalistas y las fuerzas comunistas. El poder del mundo se perseguía con el único fin de abolir uno de los dos sistemas. Hoy podemos zanjar que ganó el capitalismo y que el nuevo enemigo de la libertad, la seguridad y el bienestar, que disfruta sólo una minoría del mundo, es el terrorismo. A lo largo del tiempo siempre ha habido unos pocos que han movido los hilos de la historia a costa de engaños, genocidios, robos y un desprecio inhumano.


Pero, ¿Qué tiene que ver esto con la cooperación internacional? Después de estar en Timor y ver como Naciones Unidas había “ocupado” el país por el bien de los timorenses, de ver a los soldados americanos tomándose un café con sus uniformes y sus sofisticadas armas colgadas del hombro como si tal cosa, de saber que Timor Leste es rico en gas y petróleo, y de leer que la isla es limítrofe a un estratégico canal bajo el mar para el paso de submarinos nucleares, etc... ¿No sería lógico pensar que Naciones Unidas = EEUU tiene algo más que un interés solidario hacia Timor?


Hace 2 años un tifón asoló Cuba. EEUU, entre otros países ofreció ayuda a Cuba, pero Cuba se negó. Desde la prensa nos hacían ver el gobierno cubano como arrogante e incoherente por rechazar una ayuda que parecía tan necesaria. La realidad es que al año siguiente del desastre todo el mundo había recuperado su casa. Lo que Cuba no quería era lo que ahora está viviendo Haití.


La Cooperación Internacional que mueve a tantas personas comprometidas bien podría ser una cortina de humo para una nueva forma de colonización. El Banco Mundial ya ha adelantado una sustanciosa ayuda a Haití que hipotecará el futuro del país y condicionará su economía local para servir al mercado de Occidente. La ayuda se paga. Curiosamente EEUU (que ahora está más cerca de Cuba y ha tomado el control del gobierno local) y Francia (que fue el colonizador de Haití) han sido los más interesados en enviar efectivos del ejército a la isla. La ocupación militar está justificada porque abanderan la Ayuda Humanitaria.


La Cooperación Internacional es muy bonita en los libros. En la práctica no dudo que ayude a muchas personas y salve miles de vidas. Pero es también una apisonadora que allana el camino para que Occidente pueda volver a sus antiguas colonias, tendiendo una mano venenosa para dirigir el país, o explotar sus recursos naturales, o simplemente porque les acorta el camino hacia otros países que están en su lista de objetivos.


Robiol.

Myasis.

La protagonista de esta historia es una gorda mosca perspicaz que sobrevuela la selva del Amazonas boliviano. Su abdomen es de un verde metálico y sus alitas zumban buscando al aliado perfecto. Por fin lo encuentra, allá, a pocos metros, posado en el nudo de una vivasi que abraza hasta asfixiar el tronco de una palmera. Es un mosquito joven, despistado, que todavía descansa adormecido por el sofocante calor del mediodía. Se posa sobre él rápidamente y le deposita su huevo y, con él, toda su confianza. El mosquito, horas más tarde, cuando siente la brisa fresca del atardecer, se desentumece las patas, despliega sus alas y se dispone a buscar su cena consistente en unas deliciosas gotitas de sangre dulce. Nota un poco más de peso al levantar el vuelo, pero no le preocupa. Está hambriento. Atraviesa el riachuelo, sobrevuela los helechos, y se lanza a buscar su presa. Debe buscar el sendero hecho por el hombre. Ha aprendido a ser paciente, así que se distrae dibujando unos loopings perfectos en el aire. Pasan algunos minutos, y de pronto nota un intenso aroma… ¡qué olor más exótico y dulce!. Allá a lo lejos distingue dos figuras caminando hacia él. Es su oportunidad. Sabe que debe ser rápido. Se maldice cuando divisa que llevan pantalón largo y botas, ¡con lo rica y abundante que es la de los tobillos! También llevan manga larga... ummm. Deja que pasen, estudiando una nueva estrategia de ataque. En cuanto los observa por detrás fija su objetivo. El cuello. Y hay uno que le atrae especialmente… Atusa sus alas y se lanza empicado sobre él. Aterriza, clava, chupa cuanto desea y deposita el preciado encargo de su comadre mosca. Se relame y se va. –Perfecto.- se felicita -¡no se ha dado ni cuenta!-. Sobrevuela satisfecho el camino de regreso y desaparece feliz entre las sombras del atardecer.

El huevo ha quedado bien introducido bajo la piel. Durante varias semanas irá creciendo la larva dentro de su tierna crisálida alimentándose protegida por su nuevo porteador. Incluso ha hecho un pequeño orificio por donde puede salir al exterior a respirar. Crece rápido. Cada vez que emerge ve espectaculares paisajes que no reconoce, y se siente extraña y un tanto melancólica. Sin saberlo, ha volado a Indonesia y a Timor. Con miedo, se retuerce especialmente por las noches para no ser descubierta, pero con sumo cuidado, para molestar lo mínimo posible: cuestión de supervivencia. Sobre ella, durante estos días cae abundante alcohol, cortisona, y se estremece con el fuerte sabor del antibiótico. Y resiste. Pero el yodo es mortal, y tantas gotas diarias la acaban asfixiando y no lo supera. Muere a las 4 semanas sin haber podido completar su ciclo de 7. En Timor Leste, a más de 15.000 km de distancia de su hogar, alguien extrae su diminuto cuerpo con unas pinzas, y posa inerte sobre una gasa, bajo los fogonazos del flash de la cámara de Robiol.

Su madre, allá en Bolivia, sigue sobrevolando la selva con un zumbido desesperado con la esperanza de ver a su pequeña en cualquier momento. Mira con desconfianza al joven mosquito y lo increpa furiosa. Y éste, confuso, se resiste a contarle que aquel cuello dónde abandonó el huevo de su pequeña, lo dejó de ver hace mucho, mucho tiempo.

Timor Leste

Este pequeño país de 7 años de edad, comparte la isla más al este del archipiélago indonesio. La historia más conocida de este territorio está escrita en tinta roja por los portugueses, los holandeses, los japoneses, los indonesios y los propios timorenses.


Cuando el joven Kofi Annan fue elegido presidente de Naciones Unidas, anunció que la primera prioridad en su agenda sería el conflicto de Timor con Indonesia. En 1999 aterrizaban las fuerzas de paz, en el 2002 Timor Leste conseguía la independencia, y en el 2004 Lonely Planet sacaba su primera guía de viaje para este país. Había mucha por hacer, por reconstruir y por reconciliar, pero parecía que lo peor había pasado. La invasión de Indonesia que comenzó en 1975, se alargó durante 24 años en los cuales 100.000 personas perdieron la vida a causa del hambre, la enfermedad y la violencia.

En el 2006, casi anteayer, la susceptibilidad por parte de un contingente de 600 soldados que se sentían discriminados ante sus compañeros del ejército por su origen geográfico en Timor Leste, puso a la sociedad timorense, una vez más en vilo, provocando 36 muertos y 155.000 desplazados de una población de 1,1 millones.


Actualmente en Dili, la capital de Timor Leste, se han establecido las principales agencias de cooperación internacional, ONGs y Fundaciones, con el propósito de encauzar a esta joven nación, para que recupere el sosiego, la autosuficiencia y el criterio de gobierno. Su enjambre de calles es un desfile constante de relucientes 4x4 de Naciones Unidas. Ahora que estamos en época de lluvias, la precariedad en la ubicación de las viviendas hace que muchos pierdan sus hogares a consecuencia de las violentas inundaciones. El gobierno es novato y todo ha sido una puesta en marcha muy virgen, que se mueve hacia delante con la voluntad de sus ciudadanos y de las organizaciones que les prestan apoyo.


La cooperación internacional es también novedosa y en cada país se tiene que enfrentar a una cultura y a un contexto histórico-social que replantea sus pilares de acción y conocimiento. Hasta no hace mucho pensaba que la cooperación internacional era una gran idea que se traducía en el terreno en un mal mayor. Pero después de esta visita por Timor, y de ver a través de los ojos de un cooperante comprometido, he entendido que aun es muy pronto para sopesar los resultados globales de la solidaridad internacional. Las situaciones en cada país afinan el criterio de acción de las organizaciones, la elección de las personas adecuadas para cada trabajo, y el trato con los locales, inherentemente prepotente de nuestra abanderada cultura occidental.


Cómo muy bien dice mi querido amigo Gonzalo, que está haciendo una gran labor en este país, lo fácil es criticar y lo difícil es proponer soluciones. Además tendemos a hacer la crítica sin entender la sucesión cronológica de los hechos que han imprimido en la sociedad timorense un lastre que todavía tiene que soltar para poder volver a mirar hacia delante. Ese lastre que muchas veces se traduce en corrupción, ineficiencia, falta de compromiso político y falta de educación, es la realidad lógica de todos aquellos países que han pasado por una dictadura, una guerra o una colonización. Si no entendemos el nexo histórico que unen las causas y los efectos, y las diferencias culturales que generan formas de pensamiento y filosofía de vida diferentes, difícilmente podremos entender lo que con tanta valentía criticamos.


Robiol.

F o T o S . . . Timor Leste