Adiós a Quito -qué bonito- …desde las alturas!

Después de un día de rastreo -sin aire- por las callejuelas del casco antiguo, qué mejor despedida que ver esta pequeña ciudad desde las alturas.
Enfilados en una pequeña cabina del teleférico plateado, ascendemos, balanceándonos por el fuerte viento, de los 2.800 a los 4.100m de altura. Desde la cima, vistas espectaculares de una capital que se ha extendido y desbordado como una colorida lengua de cemento y cristal por el valle de los volcanes. Sientes como la ciudad serpentea desde las alturas, burbujea, expectante a los suspiros de azufre y el latido rompiente del gran Pichincha, que domina poderosamente el valle y que lo abraza con sus cerros tapizados de verde terciopelo, como un gran gigante de dos cabezas, con sus dos cumbres: el RUCU, pico carbónico y roto por espejos de hielo, suspendido entre vientos, y el GUAGUA, boca todavía humeante de fuego, espantosa, gran horno que cuece tragedias.

Al día siguiente, otra nueva altura, la inacabada Basílica del Voto Nacional de curiosas gárgolas en forma de tortugas e iguanas, por la que trepamos por sus entrañas hasta el mismito campanario, para observar, al otro extremo de la ciudad, cómo la Virgen del Panecillo bendice la capital.

Rajol.

Primer día en Sudamérica: QUITO

Ocurre con bastante frecuencia que las ideas preconcebidas distan mucho de lo que uno se encuentra al llegar a un lugar. Imaginé Quito como una taza de café humeante con sus fachadas teñidas de ocre i moho. Miradas desde rincones oscuros calculando el valor de nuestras posesiones y vendedores cansinos intentando colgar de nuestra oreja sus mercancías a precios abusivos. Toda la tensión acumulada para estar a la altura de nuestros propios miedos se desvaneció de inmediato con solo entrar en la terminal de llegadas del aeropuerto. El pasillo acristalado que nos condujo a “recogida de equipajes” era como una copa de vino, y nosotros, los mamíferos de sangre roja, nos deslizábamos por el fino vidrio.

Quito se asienta en un valle coronado por el volcán Pichincha de más de 4000 metros de altura. La ciudad crece en ambas laderas y en el centro se asienta el casco antiguo, colonial y con su bullicio tranquilo. Y aquí es donde nos hemos centrado en nuestro primer día. Calles de un solo carril y sentido, aceras estrechas pero suficientes para los peatones que caminan sin prisas. Iglesias, catedrales, plazas y en cada esquina una pareja de policías. Y es que esta ciudad no podría ser más segura.

Turistas se ven pocos pero se hacen ver. Somos inconfundibles entre una población de cabello negro y rasgos indígenas. Los ojos hundidos en sus rostros miran sin rencor, sin memoria y no hacen preguntas. Da gusto sentir que no somos de tan lejos y no somos embajadores de muchos de sus males.

La ciudad a 2850 metros sobre el mar nos ha hecho que nos suba la altura a la cabeza. Las cuestas las hemos superado con la respiración encogida y a un paso lentísimo. Cada vez que alguien corría detrás del trolebús se nos encogía el corazón y nos mareábamos incapaces de asimilar aquel sobreesfuerzo. Hasta la hora de comer solo pensábamos en volver al hotel y dormir la resaca de la altura. Pero la comida nos ha animado: un cuenco de guatita (estofado de tripa y patata con salsa de cacahuete), camarones con palomitas (sí, las mismas que se comen en el cine para mezclar en una sopa fría de gambas y verduras), croissant con aguacate (hemos tenido que preguntar donde poníamos el aguacate porque no lo habíamos pedido) y arroz blanco (como el de casa). Ah! Y para desayunar nos hemos zampado dos tortas de verde (harina de maíz, plátano y queso) con un huevo frito. ¡Rico, rico!

Robiol.

Mapa mundis zoom...

























Hasta Pronto...!




MUCHAS GRACIAS a tod@s por estar alli.. (y por traer aquellos platos riquíísiiimos..!)

Os echaremos muchísimo de menos. Pero 9 meses pasan volando! Espero que nos sigais por el blog, curioseando, repasando nuestro mapa (suerte que es del google maps! jeje) ..y escribiendo muchos, muchos comentarios...

Besos a todos, a los q estuvisteis, y a los muchos que no pudisteis venir... ;) Ya sabeis que llevamos un poquito de todos vosotros en nuestra mochila.

Hasta pronto..!

Rajol.